Adela Cortina frente a Enrique Dussel ante el espejo de Gaza
Adela Cortina ha publicado en El País una defensa de la socialdemocracia que merece una consideración en nuestro espacio. En «Salvar la socialdemocracia», aparecido el 24 de junio de 2026, propone separar la idea socialdemócrata de unas siglas partidarias que, a su juicio, ya no la encarnan adecuadamente. Su argumento, en lo esencial, es «razonable»: frente a la corrupción extendida, la desafección de la ciudadanía, la mentira pública generalizada, la degradación institucional y la polarización social y política, Europa necesita recuperar una democracia liberal-social fundada en la libertad, la igualdad, la solidaridad, los derechos sociales y una ciudadanía capaz de asumir responsabilidades comunes.
La defensa de la tradición socialdemócrata no es irrelevante. Es difícil negar la importancia histórica del Estado social, de los servicios públicos, de los derechos laborales, de la protección sanitaria, educativa y asistencial, de la limitación democrática del mercado y de la idea misma de que la ciudadanía no se agota en el voto ni en la condición jurídica abstracta. La socialdemocracia europea fue, al menos durante sus décadas doradas, una respuesta parcial pero efectiva a la desposesión producida por el capitalismo industrial y financiero. Incluso hoy conserva recursos normativos y políticos que conviene defender frente a la extrema derecha, el neoliberalismo autoritario y la reducción empresarial de toda relación social.
Sin embargo, el problema no consiste solamente en salvar la socialdemocracia. Consiste en determinar si la intuición histórica de la que emergió la socialdemocracia conserva todavía una realidad efectiva y, en caso afirmativo, bajo qué juicio histórico debe ser rearticulada para ir más allá de sus debilidades relativas y de sus limitaciones absolutas.
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